5.03.2005

El coda 

Nunca entendí bien cual era el secreto detrás de aquél piano. Desafinado, devorado por la humedad, cubierto de un polvo que bailaba con la música cada vez que presionabas una de sus ya insípidamente afónicas teclas, Marta igual siempre pudo sacarle melodías únicas. No creo que fuera por ningún talento especial, él siempre afirmó que no podría reproducir ninguna melodía en ningún otro piano. Era una extraña conexión entre los dedos gruesos de camionero de Marta y las fauces de aquel esperpento de madera.

Y quizá mucho tuviera que ver eso con que no lo quería tirar, ni siquiera cuando la artrosis le deformó los dedos y no podía tocar más. Así como dos viejos se mantienen juntos durante sus años seniles, más por el recuerdo de algo pasado que lentamente se desvanece, que por una realidad amorosa o algún afecto. De la misma manera Marta se negaba a deshacerse de esa caja vieja, destruida, que como él se amoldó a los golpes. Ninguno de los dos ponía la otra mejilla, no. Uno ponía un sonido destartalado, el otro ponía el culo.

Pero a pesar de todos los recuerdos, no me voy a olvidar de aquélla, su última noche. cuarenta y cinco minutos. Seguía puteando, que no quería la silla de ruedas, y cuarenta y cinco minutos tardamos en llevarlo frente al piano. Ya estaba jugado, y lo dejamos estar ahí, con ese, su patético único gran motor vital. Una bolsa de morfina y cada vez más pifies, el polvo estaba por todas partes. No entiendo todavía como es que no tosía.

Quizá ya no respiraba...

Las tonadas se volvían cada vez más erradas mientras el goteo sumaba mayor inlucidez, propia de ese sicotrópico de la renuncia. Y sin embargo, cada vez el volumen era más alto. Desde abajo, en la salita, nos dimos cuenta de que empezaba a tomar forma. Aglomeraba muchas formas de música. Muchas historias. Quizá quiso contarnos su vida...

En cuanto empezó a hacerse fuerte subimos. Ya estábamos todos avisados, y lo queríamos demasiado para no estar ahí. Todos de una manera diferente. Pero cuando subimos, no nos lo esperábamos. Fue muy bien compaginado, en tiempo y forma. Quizá por eso nos cuesta aceptar lo que vimos.

Subimos, no era ya algo errático. Era certero, la música era propia de una fiesta bohemia, interpretada por años de experiencia puesta detrás de cien instrumentos. Pero era Marta solo en el piano...

Nunca vamos a olvidar esa imagen. La que cada uno le dio. El violinista, solemne, disfrazado de polvo, como un espectro de la misma música. Sentándose por fin después de culminada la música, el instrumento, el cuerpo. El y el piano, desplomados el uno sobre el otro, y el violinista en mi mente...

Juraría que era un flautista, si no fuera que mi raciocinio me impidiera dicho juramento. Mirando con una sonrisa que seguramente fue pura imaginación. Sentándose suavemente sobre los restos de aquel oportuno desastre. Allí yación los dos, los amantes, muertos juntos...

Y fue ese dia que te nos fuiste, querido Martita. Espero que te haya hecho justicia el ensueño en que nos dejastes, y que el concierto continúe en algún otro lugar. Esperamos poder escuchar cómo terminó, porque a pesar de estar ahí, todos sospechamos un coda, una vuelta al principio. Es por eso que te enviamos al otro mundo en los brazos de tu amado. Que se siguiesen amando... sería quiza el último acto piadoso del destino.

9.10.2004

la falla 

Nos conocimos en un bar, cercano al río y lejano a todo lo que pudiera llamarse sacro. Nada más con tu pose denotabas el deseo de revelarte ante todo lo que tuviera sentido en la vida de manera canibalística y sobradora, esperando a cambio la tan necesaria para vos tranquilidad de un pucho en la oscuridad. Yo estaba a lo lejos, saliendo del baño, en un momento tan avanzado de la noche y del alcohol en sangre que la presencia de un inodoro supone únicamente un blanco opcional.
Cuando nuestras miradas se cruzaron, pude ver el vacío en el lugar donde debería haber un alma. Supongo que vos lo notastes también. Ese hubiera sido nuestro último instante de comunión de no ser porque te encontrabas justamente en el único lugar que quería estar; en la abundancia de botellas y ausencia de luz que dicho hueco espiritual supone.
Lamentablemente, para mi parecer, nuestras miradas se volvieron a cruzar al yo tener que elevar la voz a la orden de "whisky, seco, mucho". Oh cuánto vano interés perdistes para mí en ese momento en que esa simple orden bastara para tu atención:
- ¿Querés algo?
- No creo que lo valga - me dijistes con una extraña sonrisa, calida y enterrada en un mar de recuerdos, como si me reconociera como un lejano nudo en la apretada trama de la memoria.
Mi atención se desvió rápidamente a la llegada del vaso de boca ancha. No habrá durado más que unos segundos en mi mano, menos de un segundo en el vaso, menos que eso en mi boca.
- ¿De dónde?
- ¿Qué?
- ¿De dónde nos conocemos?
Dudastes un momento
- Creo que del polideportivo, los jueves ¿no?
Nunca pisé un polideportivo en mi vida
- Puede ser, no sé. Pero me resultás conocida de alguna parte, eso seguro.
Me alejé rápidamente, sin querer presumirte el más mínimo interés. He estado otras veces en una situación similar, en la cual la noche impulsa la llegada de un encuentro casual y he tenido la apatía para rehusarme y dedicarme a la soledad que buscaba desde un principio. A pesar del vago intento, me seguistes con la mirada.
La sorpresa me llegó cuando gritastes mi nombre, a mis espaldas. Giré lentamente, pensando por primera vez seriamente si no te conocería ya de alguna parte.
- ¿Cómo seguís después de la operación? ¡Qué suerte tuvistes!
Me reí levemente, y me alejé. Nunca me había sometido a ninguna operación. Mientras me alejaba, las imágenes se fueron mezclando. Levemente mi mirada se dirigió a un hospital. Y ahí te espero, mirándote a través de la cortina, recostado. Todo apunta a que te vas a presentar, y a decirme las malas noticias que, tal vez, terminen de ciclar esta bizarra falla del orden.

5.03.2004

Augurio de un nuevo segundo 

Cerrando la puerta de su habitación, mientras el agudo silbido aún resonaba en su cabeza, la predecible estampa de siempre volvió a caerse, dejando la obra de arte totalmente expuesta. Su ausencia de agresividad a pesar de los tonos marcados, la seguridad de sus trazos, y una imagen que diluía corazones, recordaban la extraña pero casi olvidada sensación que su creador había tenido al hacerla. Sus tormentosos pensamientos habían dejado ya de evaluar la posibilidad de que este evento tuviera sentido, para aceptarla por completo como una tautología tallada con carbonilla en la trama más enredada de su destino.
Sin embargo, él se encontraba demasiado despierto para saber de que se trataba lo que ocurría en su cabeza, e inmediatamente su cuerpo se vio envuelto en una rítmica danza mecánica para levantar y colocar en su lugar la estampita. Diose vuelta, para olvidar lo sucedido, sin lograr evitar que gobernara el recuerdo. La fuerza con que su alma había logrado fluir más allá de sus ojos y su corazón, transportándose a la escondida pieza, ahora a sus espaldas. Sometido a nuevas fuerzas en su interior, escribió una leve poesía:

Once a smily coloured cheek chap
took a 10 years' artistic nap
when he finally snapped
the truth was outdoubtfully
he was full of crap...

4.29.2004

Bienvenidos a Infrapetero V2.0!! Cuya próxima intención será publicar todo tipo de basura cienciaficcionaria que cruze mi implante de oruga (o cerebro artificial, como quieran llamarlo)

This page is powered by Blogger. Isn't yours?